sábado, 12 de febrero de 2022

EL AMOR SIEMPRE VENCE


Carta dedicada a mis alumnos del Instituto de las Musas de Madrid:

Hoy en el día de San Valentín os quiero dar las gracias y felicitar por lo bien que lo estáis llevando y el esfuerzo que estáis haciendo durante todo este curso marcado por la pandemia.

Soy consciente de que estáis viviendo momentos de incertidumbre y que muchas veces nos podemos sentir algo desanimados y por eso un mensaje de ánimo y de cariño os quiero enviar.

Os mando toda la fuerza y la ilusión de la que soy capaz.

Estoy seguro de que a pesar de las dificultades que tenemos, cosas buenas seguro que están por venir para todos. Además os comento que una de las claves más importantes para avanzar y mejorar en la vida es descubrir nuestros talentos y poderlos compartir con los demás y todo ello impulsado por la fuerza del amor.

Y es que el amor siempre vence ¡¡

Por eso con coraje todo se alcanza y la esperanza siempre avanza con el amor que encontraréis en vuestro corazón. Es allí es donde está vuestro verdadero tesoro, el mejor regalo para el mundo que nos hace brillar y hacer brillar a otros y eso os hará más felices.

Os quiero transmitir optimismo y valentía para luchar por vuestros sueños; merece la pena trabajar para convertirlos en algo real.

Y creo que no tenemos que esperar mucho, desde hoy ya podemos dar pequeños pasos para mejorar las pequeñas y las cosas cotidianas que hacemos cada día. Y es que todo irá mejor si le ponemos más ganas, más amor a todo lo que hacemos.

Si hacemos las cosas con Amor, todo saldrá genial.

Siempre es buen momento de abrirnos y expresar todo el amor que llevamos dentro y que nos hace más libres, mejores personas y poder compartir con los demás todo lo bueno, especialmente nuestro tiempo y nuestras ganas de vivir.

Para terminar me gustaría daros a todos un buen abrazo virtual y os dejo este cuento que me he inventado y que se llama: el amor siempre vence. Espero que os guste.


Érase una vez un muchacho adolescente llamado Pedro.

Y sucedió que un buen día, Pedro ya no quería ir al instituto, estaba deprimido y aburrido y su vida se estaba convirtiendo en algo gris. Estaba cansado de soportar a sus padres, a sus compañeros, a sus profes y en definitiva estaba harto de todo el mundo.

Últimamente había suspendido varias asignaturas y eso le había provocado una caída general en su estado de ánimo del que todavía no se había recuperado.

Y es que Pedro estaba en una etapa difícil y complicada de su vida en el que pensaba que las cosas que hacía no merecían la pena, sentía mucha ira y rabia por todo lo que tenía alrededor y era rara la ocasión en el que aparecían en él emociones de alegría.

Pedro sentía que su vida era un asco, no era nada feliz, quería escapar de todo pero no sabía cómo salir de aquella situación.

Sobre todo el faltaba confianza y autoestima por la incertidumbre que tenía, porque no sabía lo que quería hacer en su vida, estaba disperso y no era capaz de focalizar su atención en algo positivo y concreto, algo por lo que estuviera dispuesto a luchar y esforzarse.


Aunque había algo importante para Pedro y era el poder complacer a sus padres. Porque Pedro amaba mucho a sus padres y deseaba de todo corazón poder ayudarles, aunque solamente fuera aprobando y sacando buenas notas en el instituto. Aunque también esa baza la estaba perdiendo y eso le hacía sentir agobiado y angustiado.

En las últimas semanas Pedro les preguntaba muchas veces a sus padres por su futuro:

-¿A que me voy dedicar en el futuro?, les decía Pedro a sus padres.

-Ahora no te preocupes, lo que tienes que hacer es aprobar y luego ir a la Universidad dentro de un par de años, comentaba la madre de Pedro.

-A ver si te vas a dejar algo para el verano y encima nos amargas las vacaciones, hijo tú estudia que es lo que tienes que hacer, repetía su madre una y otra vez.

A Pedro no encajaban el mundo que tenía a su alrededor, ya no le gustaban las conversaciones de sus compañeros de clase, estaba asqueado de hablar siempre de fútbol y de sexo.

Cada vez estaba más sólo y su luz apenas podía brillar.

En casa las cosas tampoco acompañaban debido a las dificultades económicas y el estrés familiar para llegar a final de mes.

Ese año estaba siendo muy duro para todos y Pedro no sabía lo que podía hacer.

Por la noches, Pedro se ponía a llorar al acostarse, sobre todo cuando no le oían sus padres.

Sentía mucha impotencia por aquella situación. Sobre todo sentía amargura, frustración y decepción en su corazón. Se había convertido en alguien que no quería ser y eso le angustiaba y le producía mucho dolor.

Un día en casa con sus padres y en mitad de la comida, Pedro explotó:

-“Estoy harto, ya no puedo más”, les dijo Pedro a sus padres muy enfadado.

-“Ponte las pilas, estudiar es lo que tienes que hacer. Mira tu padre cómo está por no haber ido a la Universidad”, comentaba la madre de Pedro con la voz desgarrada.

-“Pues estoy harto y no voy estudiar”, comentó Pedro. A continuación se levantó de la mesa y se marchó a su habitación dando un buen portazo.

-“Se le pasará el cabreo”, apuntaba el padre de Pedro.

En la habitación Pedro se puso a llorar y mientras escuchaba la radio poco a poco fue recuperando la calma.


Sus padres se habían quedado en la cocina muy tristes y abatidos y tampoco se explicaban lo que estaba pasando y cómo salir de aquella situación. Estaban bloqueados.

-¿Qué vamos a hacer?, comentaban angustiados los padres de Pedro.

Y es que esos momentos en la casa de Pedro se habían levantado varias preguntas:

-¿Dónde estaba la alegría que tenía Pedro tan solo hace varios meses atrás?

-¿Dónde estaba el cariño de sus padres?

-¿Qué estaba pasando en aquella familia?

-¿Qué estaba fallando?

Un día ocurrió que Pedro estaba en clase y se desmayó, se había quedado inconsciente y al caerse al suelo se había golpeado la cabeza.

Todo el mundo estaba muy preocupado y mientras estaban avisando al servicio de emergencias 112, Pedro abrió los ojos, recobró el conocimiento y volvió a la normalidad.

Habían pasado apenas 5 minutos y cuando despertó vio a todo el mundo a su alrededor.

Todos le estaban animando.

Pedro ser sentía muy aliviado, se había quedado en un simple susto.

Lo más importante de todo fue que mientras estaba inconsciente había tenido un sueño y todavía podía acordarse de ese sueño, que no entendía muy bien.

Soñó que estaba en clase como un día normal, pero que en ese momento se había cruzado la mirada y la sonrisa de Marta, una compañera de su clase.



Entonces Pedro se había atrevido a quedar con Marta para tomar un café en el recreo y ella había aceptado.

Y esa decisión y acción que tomó le había cambiado la vida.

En aquel recreo las palabras, la energía y el apoyo de Marta habían comenzado a transformar a Pedro, algo había sucedido dentro de su corazón, se había producido una rendija y ahora la luz de su alma comenzaba al fin a salir.

La amargura se había convertido en algo dulce, grande, capaz de sentir y de perdonar. Ahora Pedro sentía paz y amor en su corazón.

-¿Qué había pasado? ¿Había sido un milagro?

Y ese día Pedro aprendió la mejor lección de su vida y aplicando esa lección, las cosas empezaron a cambiar y mejorar en la vida de Pedro.

Ahora Pedro, por fin había aprendido que lo más importante en la vida era vivir con amor y que el amor siempre vence.

Y colorín colorado, este cuento se ha terminado.

Gracias de corazón ¡¡

Se os quiere:

ELOY RUBIO ARANDA (Profesor de Física y Química)

sábado, 5 de febrero de 2022

CON EL AMOR SIEMPRE SE GANA

Esta semana hemos entrado en el mes de febrero, el mes del Amor y pronto será San Valentín. Por eso hoy os quiero contar esta historia:

Érase una vez un chico que en la asignatura de religión le propusieron como actividad hacer un texto sobre el matrimonio. El chico que lógicamente sabía poco o nada del tema se puso a indagar en internet, pero abrumado de tanta y tanta información de la que disponía se le ocurrió en lugar de buscarlo en internet preguntárselo a sus padres y a sus abuelos y así con sus respuestas poder hacer el trabajo que le habían mandado en clase.

La verdad es que no sabía que preguntar sobre el matrimonio pero quería saber cuál podía ser la clave o claves más importantes del matrimonio y por tanto de la familia, qué puede hacer que haya matrimonios que vayan bien y sin embargo por qué cada día otros mucho matrimonios fracasan y se separan.

A los primeros que preguntó fue a sus abuelos que llevan ya 63 años casados y que creía que de este tema del matrimonio eran bastante expertos. A ellos les preguntó ¿Por qué lleváis tantos años casados y qué hacéis para que vuestro matrimonio funcione y para conseguir la gran familia que tenéis?

Así sus abuelos le contaron que las claves más importantes había sido la suerte de haberse conocido, de ser buenas personas, sencillas, nobles y de buen corazón y luego que todo lo demás estaba basado en el Amor, en estar siempre juntos, en decidir quererse toda la vida y trabajar y sacrificarse el uno por el otro y por los hijos, siempre con mucho cariño, diálogo y respeto. También que era fundamental practicar el perdón e intentar ser un ejemplo de fidelidad para los hijos y nietos.



Luego el chico se atrevió a preguntar a sus padres la siguiente pregunta: ¿Cuántos años lleváis casados y cual es vuestro secreto para que el matrimonio os pueda funcionar?

Sus padres le dijeron que este año en junio iban a cumplir 23 años casados y que la verdadera clave de su matrimonio estaba en el Amor de Dios, en darse cuenta de que su matrimonio era un sacramento en el que Dios derrama su Amor en sus corazones y conseguir que los dos tuvieran fe en Cristo y vivieran también  su fe dentro de la iglesia católica y universal. Le comentaron que el Amor era la fuente que venía de Dios y que se habían dado cuenta que dónde había Amor allí estaba Dios. Le dijeron que ese Amor en Cristo era la fuerza que los unía y que el Espíritu Santo les iba poco a poco transformando y santificando para que pudieran entregarse, aguantarse y perdonarse y así poder caminar juntos a pesar de todos los problemas que les pudieran ir surgiendo en la vida. También le contaron que era muy importante cultivar el Amor con la confesión, la comunión, el diálogo y la convicción firme de que la unión matrimonial iba a ser para toda la vida, de confiar y vivir en Jesucristo y en la fuerza de la oración. Y por último en hacer las cosas siempre con mucho Amor, eso era tener una buena actitud del uno hacia el otro y con los demás en la vida.

Así con estos dos testimonios de gran ayuda que le habían dado tanto sus padres como sus abuelos el chico comentó en su trabajo de religión: me he dado cuenta de cuál es la clave para el matrimonio y por qué hay matrimonios unidos y firmes que son fuente de felicidad y otros que se van rompiendo con sufrimiento y dolor. Creo el matrimonio es como una planta y que todo depende de dónde se vayan alimentando las raíces de esa planta. Si tienen a Dios y su alimento podrán dar abundantes frutos ya que Dios es la fuente de todo Amor y donde hay Amor allí está Dios, por tanto la clave del matrimonio es el Amor.



Para terminar dejó escrito este  fragmento de la biblia que es muy típico en muchas bodas, “Si no tengo amor, no soy nada” Esto nos dice San Pablo en su primera carta a los Corintios (Himno al Amor cristiano 1 Cor, 13, 1-13)

“Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo estruendoso. Aunque tuviera el don de profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera una fe como para mover montañas, si no tengo amor, no soy nada.

Aunque repartiera todos mis bienes y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, de nada me sirve”

Y colorín colorado, esta historia de Amor se ha terminado.

#SeOsquiere